Pintor

Cris Romagosa
Pintor
Estaciones, soles sucesivos.
Te entregarás a este ritmo
contrariado de las nubes, del azul,
a su impulso. Marzo mezcla junio con noviembre,
soles y lloviznas. Serás 
tránsito (olmos y álamos,
calles y jardines, ladrillos y concreto,
tu estancia acabará),
te volverás la noche
a los ojos de Argos que nada
mira: dispersión centelleante.

(13)
Robert Melançon en Peinture aveugle (1978)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

Centinal

Sabino
CENTINALE
Suspendido en la colina como un sable
el purgatorio domina el paraíso
el impulso de un ascenso por los árboles
aunque paso a paso y en una vaina de soplo
separa en dos el día desdobla las horas
devuelve la mirada y desprende para el ojo
el paisaje de una promesa en un tiempo
de memoria presente o de futuro cercano
del otro lado de un muro de lo mismo
el paraíso es lo que se encuentra allí
pero hay que esquivar la imagen en la flor
la casa bordea sus piedras es de gracia la hierba 
(40)
Heather Dohollau, de «Octobre toscan» en La terre âgée (1996)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[Cuando viene con el sol]

Alvaro Del Val Tobalina

Cuando viene con el sol
la sonrisa de la sombra
el camino traza la figura
de su huida
donde tiembla la rosa de la nada

(85)
__________

El agua suave de su caída
había también jardines
con la bendición de los muros
donde el viento, desde sus labios
suspiraba la hora
para el reloj de las semillas
y a veces estos paisajes estrellas
se parecían a aquellos 
y en una misma luz
yo leía uno en lugar del otro
pero ¿a qué distancia se puede
leer entre líneas? la que ve
las dos orillas de un río
y trenza de una a otra
una estera muy clara
de flores parecidas
una nave sobre un río
que es la vida
donde estos cruces hacen
el intersticio
es y no
el camino
(89)
Heather Dohollau extractos de La terre âgée (1996).
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

Noches y nieves

Fuente

NOCHES Y NIEVES
Variaciones sobre un tema de infancia

 

Voces de nieve se aglomeran en la noche
el mismo niño ve el silencio
bailar para quienes contemplan fascinados —
 .
destellos de placer en lo incomprensible —
.
.
.
.
Nevad oh nieves, nevad, nevad
patas de terciopelo, cristales impensados
nevad silencio, nevad ideas,
claridades sin palabra abiertas en los labios
 .
copos, pétalos, pelusas
de un pensamiento indiviso
nevad denso en nuestras tinieblas
islas de latidos blancos —
(175)

 

Nevad oh nieves, nevad en mi cuerpo
nevad sobre el negro de las alas pensadas
airead con vuestras danzas todos estos mundos
de densidades inmóviles nunca pronunciadas
haced brotar la felicidad que creemos
desterrada para siempre de la finitud —
 .
 .
 .
cubrid de paz, de ingrávido silencio,
calles y caminos, casas y mejillas de pequeños
donde no fue besado nunca antes el amor —
 .
huertos de la infancia nevad, nevad
en los desiertos de memoria, de amor —
sed la frescura de tantas noches blancas
nevad, nevad sobre nuestros pasos en la noche —
(176)

 

copos, pétalos, pelusas
de un ser allí indiviso
irrigando guijarros y fugas
rosas en las mejillas
del único niño que escucha
los sosegados pasos en la noche
del blanco sobre el blanco sobre la tierra —
(177)
 
 
Lorand Gaspar en Patmos et autres poèmes (2001)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.
 
 
Fuente

 

Pajas cortas

Melania Brescia
 

PAJAS CORTAS

1

en mi piel se derrumban la tierra frágil

sus plantas

nacen de ellas y del fuego sus minerales

la geología entera

2

la flor solo penetra en la chica asediada por la muerte

y ahí se construye una fragilidad

ella teme que una ciudad perezca

calcinada

sus hombres sus casas

los jardines en la piedra

estación perniciosa amenazada de muerte

3

año fasto

ponderas el peso de un beso

el estallido de un astro con un grito

4

emboscada divinidad

entre las piedras oculta

que cae del árbol como manzana

o surge oh géiser y de pronto

en un siglo cualquiera

antes o después

te agarra por la garganta

misterio de la tierra

(5

 

la respiración de un amor

llena el espacio de la noche

como un mar minúsculo haría

en su arena

sus islas más o menos grandes

según la angustia o el abandono

6

sobrevuélame asteroide

la boca que amo te saluda con una sonrisa donde el helecho

lo disputa con la intransigencia de ser amado toda la vida

como un ramo y más tiernamente aún como

ser invadida por el mar y las lágrimas

7

el cristal del mar

(porque lo sobrevuelo):

transparencia en que se agitan calores

y la fluidez manual del viento

llega del otro extremo del mundo

sin preservar de los continentes y de las islas más que luz

y el pueblo húmedo de los amores

8

como la lluvia

o la pasión

me atraviesa una música en lágrimas

colérica amorosa

herida por la jungla abrumada por las cadenas

obrera de látigo

más dúctil que el arranque de una amante en el transcurso

del amor

y como ella se perfora

haciendo sucumbir la tierra entera

vociferando

9

en la arcilla la amante antigua y blanca

en la cal el espacio tierno de sus huesos

en el plumaje de un ave

un planeta de escalofríos

10

angustia oh negra

pabellón de los gritos el arcángel se inclina bajo el peso

de las lluvias

que noche atravesada por las espadas del miedo

angustia como un corazón

la cadera late trayectoria de una tierra sofocada

dormiré en el miedo de las aleaciones

bajo la amenaza de las velocidades

encofradas

11

nacimiento del verde

ella cubre a los transeúntes con atención temblorosa

en sus ramas se encienden las ardientes pasiones

de familias enteras de soles

el sabor de la corteza ya no es suficiente

para contener mi sangre

ni mi fervor

rígida ternura del verano

12

lluvia  de hombrecillos

te saludo

como la llegada de una quinta

estación

(237)

13

los pollitos picotean

no apoyamos este ritmo

esta inmanencia del terror

el concreto se encarga de inmolar a los dioses

las revueltas los atentados

las medusas se extienden en el sol

14

un cuerpo grande alimenta la ciudad de pájaros

largas sesiones estilizadas con palmas

donde se preparan los perezosos

una fiera fuerte y no muy voraz

que solo pide ser devorada

cada primavera tal como el calor se desmorona

y por dentro el hombre

las músicas nos asaltan

así los satisfacemos

tibios caníbales      deseados intestinos

saboreamos en el terciopelo de los santuarios

válidos mortales

con muslos tiernos

tigresas

sollozos

15

la cerceta da un grito de sol

una red donde se agarra el verano

un aviario para el mar

¿dónde van a broncear las chicas

sus piernas saladas?

16

construyo sabidurías para mis hijos

arquitecturas carnívoras

las familias de sus pensamientos estarán allí a salvo

criando ángeles animales

en el estallido de los paralelos

en el acoplamiento de las vigas y la luz

domesticándolos

el agua de las lágrimas se lleva a las distancias interiores

pueblos antiguos

los antepasados más respetables

y la divinidad que desde el fondo de los tiempos no ha cesado

de saltar

entre las piedras

17

en el abrazo de la mujer de luz

la avutarda entristecida se va volando

pero sólo tras haber encantado los lagos

desaparece en los paralelos más calientes

así es el pavor de las nieves

18

como la piedra la vena de vidrio

y la chica sus arterias

la agonía pule su tierra

(243)

Paul-Marie Lapointe, en Pour les âmes (1965)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[Dios como el aire es dócil al tacto]

Sabino

Dios como el aire es dócil al tacto
como la luz es buena para ver
y como ella me envuelve
tiernamente, despiadadamente
la noche —
No, no saciéis nunca la sed
de llevar lo obscuro hacia más luz
de ver, de tocar, de escuchar mejor,
dejadme abierta para siempre la puerta
donde respiran juntos el adentro y el afuera —
y qué más claro hay para la mente
que abrirse a lo inimaginable
que todo lo que ignoro y lo poco que
comprendo sea uno e incontable
que sin todos estos cuerpos y hierbas agitadas
por la misma subida de las savias
de vientos de brillos en el ojo, en la mano
no habría pensado nunca nada —
ni olido el jazmín en la noche.
(163) 


Lorand Gaspar en Patmos et autres poèmes.
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí

¿Qué amor?

En Raw & Rendered

¿Qué amor?
nada
ni río ni música ni bestia
nada me consolará nunca de la miseria
de la sangre regada por los hombres
de la tristeza de los niños
de la fragilidad de las madres
ni flor ni muerte ni sol
alrededor de nosotros la ciudad
sucumbe a la atracción de la muerte
una muerte de vil papel arrodillado
una muerte en el alma
qué árbol qué flor
qué amor ¡oh! ¿qué amor
nos curará este mal?
qué niño, el que será mañana,
¿qué esperanza, audaz con las soledades,
nos enseñará cómo vivir
y que todo cambie?
para que el pájaro sacuda en los corazones
la música de las ciudades
para que el hombre nazca de la bestia
la bestia de la montaña
para que surja de la muerte el sol



hombres os lo adelanto
se permitirán las flores
los árboles, incontables palmas abiertas a la caricia
los pájaros anidarán en los ojos de las chicas
las canciones
y todo habrá cambiado
como esperábamos
                                    en la soledad de nuestros amores
(200-201)

Paul-Marie Lapointeen ‘Choix de poèmes’ (1960), Le reel absolu.
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.


Elegía

Cristian Boian
Elegía
Los crisantemos permanecen
sobre el blanco geométrico 
del muro, despliegan
su gracia bermeja anaranjada
mora y amarilla hacia
la pesada colgadura, el terciopelo
prusia que cerca el invierno,
la noche. La luz
me encierra en sus mallas
(nociones exactas, contornos
que el ojo acota, penetrando
cada cosa) y este silencio lo
respiro como la asombrosa
frescura que deja
la lluvia. Habito
una precaria paz (la arista
del instante, fracción
del paraíso que no tiene lugar
más allá de este punto en seguida
perdido, anudado, desanudado)
que llevará con su agua
lenta, formidable
(¿de qué horizonte
que sometido al azul
no deja de imponer
su fuerza sosegada 
que no conoce más ley
que su declive?) río,
magnífico el tiempo.
(54)

Robert Melançon, Peinture aveugle (1978) 
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

[Este aire, frente a la montaña]

 

Chloe A. Hibbert

 

Este aire, frente a la montaña

 

 

salgo de allí, desgastado

como la piedra o el campo

 

 

se aprieta la montaña –

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

El árbol

del invierno que estalla,

 

 

la nieve raída de los árboles derribados por el viento.

 

 

El cielo abatido se levanta

sin respirar.

(29)


 

Gilles Cyr, en Sol inapparent (1978).
Traducción de Víctor Bermúdez.

Original aquí.

Lugar

Thilo Heinzmann
Lugar
Camino hacia la luz, esta ausencia
el umbral del día en donde el negro
se deshace, donde la claridad
no existe todavía. Solamente este frío.
No es exilio esta nada sino el único lugar
en donde ser. Esta nada sin memoria.
Sin la hierba, sin la vía láctea,
sin los nubarrones, sin la vibración
del azul en las hojas.
(47)
Robert Melançon, Peinture aveugle (1978) 
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

debo andar mucho tiempo todavía

Geordie Wood
De lejos he venido y lejos debo ir.
Kathleen Raine, Isis errante

 

 

debo andar mucho tiempo todavía
besar el espacio interior
alzarme de círculo en círculo
murmurar lo que hay en mí
más puro que el amor más desnudo
que la vida más vasta que la muerte
debo andar mucho tiempo todavía
nacer vivir morir revivir
cada instante de mi nacimiento
a mis renacimientos sobrevivir
al deseo inmenso de la tierra y del cielo
al que tengo de tu cuerpo
debo andar mucho tiempo todavía
para llegar hasta ti
esperar una nueva primavera quizás
pues no sé amar más que
en el tiempo de la luz
con los ojos fijos sobre otra forma de sol
(45)
Amina Saïd, extracto de «Seuil 2: Tous les noms du monde» en La Douleur des seuils, (2002)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

Pintura ciega

Thilo Heinzmann

Pintura ciega
Como terreno elijo el blanco,
la superficie dispuesta debajo de la lámpara.
El prado, el río, la avenida pueden
sostenerse si mi mano alza
la hierba, la luz, las piedras.
Sólo reina el azar, la noche
ha barnizado las ventanas, ha abolido
la confusión del mundo.
Yo pertenezco a lo posible.
(27)
Robert Melançon de Peinture aveugle (1979)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

Para Iván Méndez González, por la sombra, por todo.


[Hacia el suelo, hacia]

Alex Dixon

Hacia el suelo, hacia,

a través del impedimento del aire,

esta amplitud en la que todo aparece

(hierbas, plumas, residuos)

 

 

 

sobre el fondo de algo

que no es el suelo mismo,

sino otro.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

En la tierra desconocida, más lejos

que el intervalo de la tierra inhabitada

vi, más lejos aún, la tierra

como un camino que no hemos perseguido.

He venido hasta aquí para decirlo.

(36)


 

Gilles Cyr, en Sol inapparent (1978).

Traducción de Víctor Bermúdez.

Original aquí.

[Donde la luz comienza y comienza]


Donde la luz

comienza y comienza:

en los ojos el suelo

por suerte muy lejano,

 

el bello suelo despojado.


 

Escuchando lo perdido:

 

 

aún falta que pase el pecho

por donde el día ha sido, perforado, interrumpido:

 

 

sobre la mesa exigua, escarpada –

(30)


 

Gilles Cyr, Sol inapparent (1978).
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

San Giorgio Maggiore

Sruli Recht

San Giorgio Maggiore
¿Es posible que detrás de estas fachadas
nobles como la infancia que llegó desnuda
no haya más que un serie de sombrías habitaciones
abriéndose una sobre otra al infinito?
así no obstante la desdicha de lo inteligible,
su sueño toma forma en sus manos,
¡pero cuántos sobresaltos en la luz!
Se agita aquí la arteria de la ausencia.
Y las manos se anudan, eso fue el pórtico,
pero para agitar el hierro de un sacrificio
el cordero muere al servicio de la simetría.
Arquitecto, libera de esta sangre
la esperanza que dicta la forma en la piedra,
la bondad de la luz tiene su precio.
(119)
Yves Bonnefoy de L’Heure présente (2014)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

El árbol de metal florece

Justin Mullet

Mi amada
el alba nos recuerda la presencia
la lucha se reanuda
y el amor se abre como una rosa
en la arena del motín
Mi mano tiembla
al final
lo que tengo es ganas de amputarme un miembro
para elevar mi ofrenda hasta ti
justamente esta mano
que se alza para limpiar la afrenta
sí por ti
en la euforia del motín
Invoco al desierto habitado por la palabra
al silencio resonante del comienzo
invoco al agua, a su origen
de fuentes desconocidas y caídas aterrantes
invoco a lo que nace de la tierra
y de la mano del hombre
invoco al torbellino sordo e insensible
de la emergencia
invoco a las capas durmientes del fuego
a la entereza del cielo
flagelado por el espectro solar
invoco a la hondura nupcial
modelando el suspiro
en sus entrañas de perlas
interpelo al hombre y la materia
me arrojo al corazón del movimiento
pero el alba de mi patria se despliega
como un enigma
más allá de los barrotes
percibo levemente un árbol
un alminar
tanta belleza me deslumbra
un escalofrío me atraviesa la espalda
sorprendo a tu sueño
de esfinge reposada
me deshago lentamente de un miembro
para elevar mi ofrenda hasta ti
justamente esta mano
que se alza para limpiar la afrenta
sí para ti
en la euforia del motín
Abdellatif Laâbi, extracto de L’Arbre de fer fleurit (1974)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[Aquí al borde del lago es el único espacio]

Justin Mullet

 

Aquí al borde del lago ¿es el único espacio
donde salir hacia un mar rodeado de tierra?
El sol y la luna alargan las horas
en altas floraciones azules desprovistas de ramas
las cuestas de los jardines vacilantes al paso
estiran el cielo sobre una capa movediza
superficie sin substancia real donde brillan en la hiedra
las alas resplandecientes de un vuelo suspendido
(13)
Heather Dohollau, en «Paulina à Orta», de La terre âgée (1996).
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

[siempre en el poema]

Justin Mullet

siempre en el poema
escucharé el silencio
antes que la palabra
beberé de su boca
entonces nacen las cosas
las palabras el mundo
digo: siempre en el poema
escucharé el silencio antes que las palabras
y tú respondes: si existe un dios
es allí donde vive
descubro la exacta vertiente
de la sombra y la luz
donde comienza y termina
y el silencio palpita como el mar
en su vientre de sal
palpita como el ala de un pájaro
domesticando lentamente el cielo
como el viento la tierra la vida
y si existe un dios sí
es allí donde vive
(97)

Amina Saïd, extracto de «Seuil 5: De l’autre côté du soleil» en La Douleur des seuils (2002: 97) 
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.