[Un bosque nos precede]

Tatiana Plakhova
Un bosque nos precede
y ocupa el lugar de nuestro cuerpo
y modifica las figuras y levanta
la reja
de un suplicio espacioso
donde nos miramos morir
con fuerzas inagotables
morir de nuevo
al pensamiento de su influjo compacto
como se escribe la fractura, el sol
siempre en el centro y al borde
de enormes árboles transparentes

Jacques Dupin, extracto de «L’issue dérobée» en Le corps clairvoyant
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

[Nuestras manos molidas]

Nuestras manos molidas 
por las herramientas inasibles
y la luz se aleja de la herida
nuestras manos enigmáticas
a fuerza de arrugar el mapa del templo de Luxor
que bifurca y brota
en cada dinastía
hasta nosotros
el sol
más allá
entre cada vértebra explotando
vivos irreductibles
— y la luz se aleja de la herida
Jacques Dupin, extracto de «L’issue dérobée» en Le corps clairvoyant
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

[Y sobre el lago una isla de piedra como vado]

Alexandra Peña
Y sobre el lago una isla de piedra como vado
los ojos se colocan en medida de deseo
y una vez ahí la mirada hacia la margen
sostiene el instante en el círculo de los brazos
inclinándose hacia afuera el peso de las flores
se anula sobre el borde angosto de la sombra
pero debemos partir mucho antes que la noche
y lentamente reculando va la barca


Heather Dohollau, extracto de «Paulina à Orta» de La terre âgée (1996)
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

Sidi Bou Saïd

Marina Kochetyga

SIDI BOU SAÏD
Los callejones de un laberinto de claridad.
Un rezo blanco y azul
que se eleva y desciende
por las puertas selladas
las entradas en zigzag
como la voz de un muecín
hacia el centro oculto
y por todos lados flores
como espejo de una fuente
sobre las pendientes del aire




Heather Dohollau, extracto del poema «Les larmes de Carthage», en La terre âgée (1996)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

La barca de los pájaros

Juan del Junco

LA BARCA DE LOS PÁJAROS
Nunca en la ancla
bajo el acantilado de las palabras
entre ascenso y la caída
hacia el azul de abajo
y un cielo que se inclina
más allá de los árboles
Ícaro perpetuo
la cabeza en el agua
y los pies queman
un recuerdo del sol
queda la red salvadora
del canto de los pájaros
la presencia alada
de un soplo suspendido
Y los velos levantados por luz
para mantener el rumbo
sobre una estrella ausente



Heather Dohollau, extracto del poema «Les larmes de Carthage», en La terre âgée (1996)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

Minoico medio III

Fotografía de Lorand Gaspar, en el desierto de Judea, entre Jerusalem y el Mar Muerto, en los años 1960.
Extraído de la obra ‘Lorand Gaspar’, de Jean-Yves Debreuille, Seghers, 2007, pag. 142.
Minoico medio III
Pozos de luz de los palacios de Tilisos
pozos de sombra de las fiestas del verano
En la habitación profunda de frescor
la Piedra de la mirada en el anillo oscuro
Roto por un breve chorreo de cobre
Culebra de la fecundación, protectora de los muertos.
Recolectores de azafrán,
Recolectores de pepitas rojas, azules y blancas
En Cnosos y en Hagia Triada
la sed de las flores bajo el peso de los muertos
curva la mano en los flancos del jarrón —
¡como brilla un instante en el vientre húmedo del sol!
Hombres lampiños de largas melenas,
ceñidos de taparrabos, adiestrados en combates,
el arco tendido al extremo del movimiento,
cosechadores y portadores de ofrendas —
chorreo de hachas y de joyas —
damas azules y hombres de largas melenas
¿qué han visto tan incomprensible?
¿Qué era este clamor encima de sus umbrales?

año 1570


Lorand Gaspar, extracto del poema «Excavaciones» de  Égée (1960)
publicado íntegramente en la revista Vallejo & Co.
Traducción de Víctor Bermúdez. Original y traducción íntegra en Vallejo & Co.

Plaza del cairo

Chris Zielecki
PLAZA DEL CAIRO
Una pequeña plaza
a la sombra de los árboles
que trenzan en el cielo
un techo murmurante
para los pájaros profetas
sobre un suelo de silencio
el tiempo pasa
y los dedos disciernen
bajo el abrigo de las palabras
la redondez de un instante




Heather Dohollau, extracto del poema «Les larmes de Carthage», en La terre âgée (1996)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

Los árboles

Parker Fitzgerald

LOS ÁRBOLES
El anonimato de los abetos, onda sobre onda
los robles, los castaños, y ahora
un serbal de pájaros, un cedro azul
liquidámbar y ginkgo biloba
de un pequeño bosque íntimo y despejado
una poesía de nombres tiembla en las hojas
para el ave profeta y un viento sin temor
y sin reproche…
Portfolio insólito de imágenes extrañas
una lectura en la montaña para un dios
que vive en las mismas páginas
El Papillard.

Heather Dohollau en La terre âgée (1996)
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

La montaña

MCHL

LA MONTAÑA
Visible — invisible presencia que donó el 
cara a cara donde toda proporción cae
advenimiento de humano que se eleva
y por sus ojos se extiende como efecto
pantomima de un reflejo y su gloria
el comienzo del espejo a lo largo del camino
burlándose de los dioses
¿o acaso tienta el colapso?
La montaña fija la flor con su mirada
se inclina en las ventanas
y acuesta su sombra en la estrella de un incendio

Heather Dohollau en La terre âgée (1996)
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

[El sol de espaldas]

Aëla Labbé
El sol de espaldas
una línea nos absuelve
tu muerte indica la señal:
la evulsión la trayectoria
tras un cristal sangrante
y la gran recaída pulidora
de brillos emblemáticos
residuos de sol sobre el relieve
Tú, muerte cruda, apenas descarriada
hacia un centro inverso
un camino de ronda con
la seca saliva del apóstata
escruta tu semejanza estelar
que roza la obscenidad

Jacques Dupin, extracto de «L’issue dérobée» en L’embrasure (1969).
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

El sol substituido

 

Aldo Bakker
Extractos de El sol substituido
 
[1] Escuchar o sentir lo que ruge en el subsuelo, bajo la hoja rasgada, bajo nuestros pasos. Y quisiera elevarse — escribirse. Y sacude la escritura, le inyecta su intensidad, su coherencia Lo que grita y golpea en el subsuelo. Un asedio de pájaros. Y de pronto el influjo de limadura que nos atraviesa como si su avidez, su estridencia abriese las fibras, distendiendo la trama, ensamblando el cuerpo. 
Sentir, descubrir lo que es, lo que ya era, sin ser, allí, y que al atravesarnos arde, lo que no se sufre más que al escribirlo, y no se escribiría sin la apertura que un golpe de locura perfora en la opacidad de lo real. Sin orgasmo y sin herida. Sin la muerte en la que se confunde el juego, los piones derribados y las rimas, incorporado e interpretado lo que asemeja a su deseo, — su irrealidad, su impostura.
Aldo Bakker
[2] Tan cerca, esta noche, de pura y simple asfixia entre cuatros muros, entre dos montañas, a punto de salir, de salirse de sí, de escaparse a la inerte distinción de dentro y fuera, siempre abusivamente cubierta por las larvas del interior, a punto de vomitar y de ser vomitado, de ser levantados y heridos, de ser separados, de cambiar de cuerpo…
entre dos paños de agua torrencial, entre las nubes rápidas, pero la cara boca abajo, yéndose y derivando, soportando la atracción de la ausencia de centro, gozando un insólito aligeramiento…
somos el no-lugar, el no-objeto de una gravitación, de signos insensatos. Las fuerzas que ignoramos se tropiezan, se componen, derrumbando los vestigios, trozos de muros, troncos derribados, letras muertas —y hacen subir el fondo y lo que en él se mezcla y se retiene— y liberan el espacio del próximo tormento.
Somos el no-lugar y el no-espejo de su impulso destructor, el campo devastado de su conjunción y divergencia. Yacimiento a cielo despejado. Espacio del dolor y la suerte en donde, para disimular, se eleva todavía, reformando una absurda duración, la tinta de la nube, el esbozo de un texto impersonal — el comienzo de un cuerpo sacado de su trayectoria.
 
Aldo Bakker
[3] Al «odio de la poesía» le sucede la traición de la poesía. A su confrontamiento cara a cara, una deriva oblicua, despegando su perfil perdido.  Una medida denegación sextante sobre el mapa del cielo fangoso.
Ella que ordenaba la fractura, las repentinas mutaciones, que exhalaba el enigma vacante en la hoja virgen, donde se muestra explícita la caída; su ruptura elimina un rodeo interminable.

[4] Comemos la tierra que nos come. Dar un paso no es más costoso que morir. El afuera ha entrado por las ranuras del cuerpo. Tierra y noche llenan la boca. Escribir hace peligrar al otro.
 
 
 
Jacques Dupin, extractos de «Le soleil substitué», en Dehors, 1975.
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

El estanque en el bosque

Parker Fitzgerald

El estanque en el bosque
En ningún lado, o contra tu mejilla, en lo alto
la luz     La misma que intermitentemente
rasguña el muro, y gira alrededor de una quimera
antes de disolverla     El estanque en el bosque, la infancia
como una      rama inmersa
sacada por sorpresa de la orilla
brilla a contraluz.
Si fuerzo ahora su voz
es para devolver al lodo
sus poblados lacustres, sus pétalos más ácidos    
Aquí nada hay seguro, todo contra mí,
uno de los focos de la elipse, no se traza,
entre la limadura de las palabras, sin descomponerse
su doble. Y destruirlo     Ella,
con la misma fiebre minuciosa,
su turbulencia obscureciendo
el segundo foco de la evocación,
se hunde como el canto de un pájaro.
Palabras, aluviones regresivos
de un futuro disperso lanzando una cortina de niebla
sobre esta infancia obscura
cuya Muralla China
queda salpicada.

Jacques Dupin, de «Le corps clairvoyant», en L’embrassure(1969). 
Traducción de Víctor Bermúdez. 
Original aquí.

La noche creciente




Entre la diana del poema y su desecación
por una brecha abierta
en el flanco arañado de la montaña
ella lanza, la almendra del fuego,
la noche joven ayuna
tras la noche desmantelada
ella, como es debido, se da
y arde
con frías precauciones
el huracán engendra descendencia
un relámpago une
la noche con la noche





Jacques Dupin, extracto de «La nuit grandissante» (1969), en Le corps clairvoyant.
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

El vía crucis del amor: Estación 4

Estación 4
ella descarta el después del antes
contiene cerrados dos lados del tiempo
y reposa los labios de la herida
hace chorrear el destino en su vientre
una lluvia de destellos blancos
del ataúd extiende un pórtico
un pie en la luz el otro
pisando el pelaje divino enfrenta 
está lista para desarmar
el día con el filo de la cara
sin estado sexual sólo la explosión fija
el músculo y la rabia contra el flujo
de seducir y someter un grito 
carnal metido en el presente



Extracto de «El vía crucis del amor», de Bernard Noël en Les Yeux dans la couleur
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

Los Estados del aire

Los Estados del aire
Filippo Minelli

 

no tenemos más que la vista
las paredes de viento
ese vacío es la tierra
aquí la hondura invierte
la mirada sobre sí
nos hace saltar en nuestros ojos
siempre el va-y-ven
lo visto y lo no-visto
el injerto del ahí-no
en eso que allí existe


tantos caminos           
abriéndose en nosotros
pasando en nosotros
y por el ojo
se envuelve sobre el marco de aire
cada cosa se sostiene en lo que es
más al centro
pero central
todo el cuerpo ve
y la hoja está tras la vista
como la espalda detrás de sí
un camino de aire
rehúye, evade, despista, aleja,
sembrado de guijarros de tinta
y la puerta adentro
la puerta que se va
espejo eres
nuestra cabeza más allá
Filippo Minelli
volvemos a casa
por la pupila
esta pequeña luna negra
en el cielo de papel
una parte del aire
página por edificios
cuando el pensamiento despega
vaho de huellas
vaho entre el que
cada uno regresa hacia el todo
las escamas límpidas
el abajo plantado de huesos
después lo obscuro
por todo umbral
y el mismo partir
el estremecimiento basta
nada detiene lo abierto
salvo su propia superficie
cada límite llama
la mirada se anticipa
la cabeza es ese allí
donde la alcanza
entonces en el ojo ido
el cuerpo se ve venir
donde lo mental se airea
pero aquí el Otro en Ti y en Él
el encuentro confrontado
el desdoblamiento del mundo
un filtro de aire
el in – finito
y ese muro de nada
donde la lengua se enreda

luego se ahoga en los ojos

 
«Les États de l’air» de Bernard Noël, en Les Yeux dans la couleur (2004)
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

Piedra


Sígueme hacia las cimas, allá, sube más, aligérate,
destrábate, sacude la pesadez que te adhiere a la
sangre. Sube más. Deshazte del fuego sombrío que te
hunde a su fondo, que te embauca con sus pétalos y que tú
nombras veleidosamente entre luz y obscuridad, entre
comienzo y fin. Te enseñaré a perforar los
reflejos y las sombras, a sostenerte sobre la cúpula
eterna del azul. Y allí virándote hacia el vasto mar de
de lo bello, contemplándolo, engendrarás discursos
sublimes, inspirados por un amor sin límites de la
sabiduría, alcanzarás el único conocimiento, el conocimiento
de la belleza.
Es así que te arrastras en la penumbra de los barrios
peligrosos. Tu palabra es un agua sorda a los destellos
inciertos, tu alma, nodriza obscura de este conjunto
inestable de lasitudes y de fulguraciones, de
perfumes ligeros y de esencias podridas. Y tu mano
tiembla por haber tocado la hondura y lo pleno, esta pluma
de ala en una piedra ––


Lorand Gaspar, fragmento del poema «Pierre» en Égée (1980).
Serie completa publicada en Revista Transtierros.
Original aquí.

Historia de la luz (fragmento)

Sencillez de figura
su movimiento un brillo gris
de sílex o cadera
la escoria
de mi deformidad en el ciclo
conjetural
que la subrogación del fuego rectifica
ensancha   restituye
aria de la noche y del asentimiento
más allá

la iluviación de la hoja



Jacques Dupin, fragmento de «Histoire de la lumière» en L’Ire des vents, 1978. 
Recogido en Ballast, 2009.
La traducción íntegra de este poema se puede encontrar en la revista Vallejo & Co (aquí).
Traducción de Víctor Bermúdez
Original aquí.

Urbise



URBISE
El viñedo extendido de un calvero
su curva retenida en el ramal del río
que fluye suavemente su paso por las piedras
exaltado por la presencia de altos árboles
su empuje real hacia la luz
atravesada por las flechas vivas de los pájaros
que llevan como hoja el hilo de su canto
la autopista pasa por encima tras el arbusto
el filo blanco del tiempo estirándose allí
con sus bordes picados por flores claras
que están sembrando el cielo
un cielo próximo que dice su propio silencio
en lo que parece ser un orificio
paisaje de muy ricas horas
y sentada en el banco frente al estanque
donde los patos trazan contentos su propio dibujo
de vuelos grabados sobre una lisa superficie
el triple ángelus anuncia la tarde
como último saludo de este día
y el oído capta la venida de un ángel
donde tiembla todavía el pliego de su prenda

Heather Dohollau, en «Lieux» de Un regard d’ambre 2008. 
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.


Hölderlin en la torre

Hölderlin en la torre
Los pájaros intermitentes 
los campos siempre allí delante
las palabras revolotean, vuelven
tocándolo, tiende la mano
y las coloca suavemente
unas junto a otras
le dicen cosas muy sencillas
como la música
es calma el agua
la sombra de un pájaro sorprende
los días largos
como al inicio de la vida
de los momentos de extrema sencillez
no hace falta esperar más

Heather Sohollau, en Seule enfance, 1978.
Traducción de Víctor Bermúdez.
Original aquí.

[siempre este eco]

Fotografía: Filippo Minelli

 

siempre este eco

su fuente ilegible

donde deambula antes del alba

descalzo el jazmín

nadas todavía y es de noche

nadas en la noche que siempre ha sido

y tu cuerpo ha atravesado el agua glauca

que siente el engrudo y la levadura.

Y la carne rema en la carne

las manos torturan y las manos matan

arañan para aclarar las tinieblas

 

y regresan a lo obscuro.


Lorand Gaspar, extracto del poema «Amandiers», de Patmos et autres poèmes (2001).

Traducción de Víctor Bermúdez

Original aquí